El otro día en uno de los grupos de meditación que realizo, hablamos sobre el concepto de la impermanencia en nuestras vidas y de nuestros contenidos mentales indiscriminados y rumiantes.

Mi mente, al igual que la tuya, es atemporal. Es decir, no codifica el tiempo existencial y por tanto no lo controla. Por eso, en ocasiones te ves como si fueras un chaval, aunque ya tengas 70 años.

Nuestro tiempo real, es carnal, se basa en nuestras sensaciones, en nuestras emociones y por tanto en nuestras vivencias, porque nuestro tiempo es físico, muscular, cardiaco, pulmonar y emocional…

Nuestro tiempo es somático y la vida es lo vivido, no lo nos queda por vivir.

El concepto de la impermanencia es biológico, por eso nuestra realidad es cambiante, cambia con el tiempo, no es mental, es experiencial.

La conciencia de nuestra existencia es corporal, se instala en tu respiración, en tu postura corporal, en tus emociones, conscientes o no, en tus acciones físicas y verbales para contigo y con los demás y es importante tomar conciencia de ello para vivir con mayor plenitud y sobretodo con coherencia y armonía y por tanto con mayor calma interna.

Entonces, si la impermanencia es inevitable, tendremos que aceptarlo y eso significa muchas cosas, por ejemplo, entre otras muchas:

  • Si eres joven, tu vida, tus proyectos son inciertos, pueden realizarse o no.. Tenemos que aprender a aceptarlo, porque es real.
  • Que no existe un seguro, aunque te aseguren la vida, por mucho que se empeñen en llamarlos seguros de vida. Tenemos que aceptarlo porque es real.
  • Que aceptar la Verdad de la Naturaleza, es decir, de nuestra impermanencia supone que todo, lo abandonaremos por lo tanto no deberíamos apegarnos excesivamente a las cosas materiales. Tenemos que aceptarlo porque es real.

Por eso, no te apegues a todo, metaboliza tus emociones y acepta lo que emocionalmente no puedes reparar, porque ocurrió. Sólo entonces podrás seguir caminando sin el lastre de “aquella situación emocional” que tú has decidido mantener activa.

Aceptar la impermanencia supone no aferrarse a emociones del pasado, porque nuestro presente no es nuestro pasado.

Impermanencia supone aceptar que nada será igual, por mucho que nos empeñemos.

La aceptación de la realidad de nuestra impermanencia existencial, supone, no tener miedo y éste decrece conforme aumenta nuestro sentimiento de Amor Bondadoso para con nosotros, para con las demás y para con el planeta que nos acoge por un breve tiempo.

Y en esos estamos, esa es la finalidad de nuestra Práctica meditativa.

Es un asunto muy amplio y complejo pero, es un buen asunto sobre el que reflexionar.

Un saludo.

Nacho Montero-Rios.

Psicologia y Tratamiento del dolor